Arnet
Creá tu Weblog | Creá tu Fotoblog | Creá tu Videoblog

28/08/08

Vuelta a casa...y a la "normalidad"

Qué bueno llegar a casa!!! Parece mentira que todo haya terminado y ser consciente de que, solo dentro de 4 años, cuando la antorcha olímpica se instale 16 días seguidos en Londres, los argentinos volveremos a ser “olímpicos”. Nada de que quejarse. Hace rato que hablamos de este fenómeno en este mismo espacio.

Entre las miles de cosas que se me pasaron por la cabeza en las casi 30 horas que tardamos en salir de Beijing y aterrizar en Ezeiza, una a la cual no le encontré respuesta es a por qué los mismos deportes y los mismos deportistas que tienen tantos hinchas argentinos durante los juegos son ignorados de pleno en los cuatro años que van de una fiesta a la otra.

Creo que uno de los principales responsables de que esto asi sea somos los medios y los periodistas. Lo que no consigo entender es cómo pasamos de las 300.000 personas mirando una final de arquería entre un chino y un coreano a las 3 de la mañana de un día laborable a no juntar voluntades para que un campeonato nacional de atletismo tenga un marco de público que vaya más alla de competidores, entrenadores, dirigentes y, eventualmente, algún pariente.

De lo que no tengo dudas es de que este será el escenario a partir de hoy. Entonces, ya no será una final de tiro con arco, sino que ni siquiera un mundial de yachting con Espínola y Lange o la gira despedida de Juan Curuchet importará más que la interna de la barra brava de Boca o la suspensión por falta de garantías de Tristán Suarez-Defensores de Belgrano.

27/08/08

Cada vez más cerca de casa

Para mí, como supongo que para la mayoría de las personas, los regresos son siempre más dulces que las partidas. Tal vez por eso, esta escala en París –aún más larga que la de la ida- se hace más llevadera, con la promesa de que, al final del próximo vuelo, ya estaré otra vez en casa.

Ayer les hablé del circo que se va de la ciudad. Se va de una ciudad que apenas pude espiar en unas pocas horas libres previas al viaje de vuelta. Bastó para recorrer unos metros –los suficientes para alguien con vértigo- de la Gran Muralla China y pasear por Tiananmen y la Ciudad Prohibida, que supongo deben significar la paradoja de la coexsitencia de varias de las Chinas de los últimos siglos. Francamente impresionante. Aunque entre el mausoleo de Mao y el trono del Emperador me quedo con la imponencia de este último, pese a que represente la China que, de algún modo, Mao quiso modificar.

Por la noche, con mi amigo y colega Marcelo Gantman y Santiago Díaz Zamboni, un argentino que vive en Beijing desde hace 2 años, que habla chino perfectamente y que nos asistió durante las últimas dos semanas, pude finalmente averiguar como es la auténtica comida china. Más allá del pato laqueado, algo así como el plato emblema de este país, comprobé que, si comida china es la de Beijing, jamás comí comida china en los restaurantes chinos que probé en Buenos Aires. Espero que nadie se enoje; es sólo un elogio ya que la cena fue sensacional.

No sólo probé comida china en mis últimas horas de Beijing. También encontré chinos malhumorados y hartos de trabajar. Imposible comprar algo en el free shop del aeropuerto sin que te atiendan con fastidio. Imposible pasar por migraciones y seguridad sin que te traten como quien dice “ya basta, vuelvanse pronto a casa y déjenos en paz con la nuestra”. Es que los juegos se terminaron y, a partir de ese instante, todo cambia, todo vuelve a ser más tristemente real.

25/08/08

El circo se fue del pueblo

Los deportistas que aún no viajaron, desvalijan el Mercado de la Seda (en realidad, nadie termina pagando menos, pese al regateo y a la falsa sensación de victoria). Las escenografías de la televisión coreana y japonesa, ya desmontadas, lo único que hacen es estorbar el paso a un IBC en el cual todo es vértigo pero ya no de lanzamientos, saltos, goles o estocadas, sino de técnicos desarmando lo que, hasta hace 24 horas, llenó de magia la televisión del mundo.

La ventana de la habitación del hotel que aún me alberga ya no tiene esa maravillosa vista del Cubo de Agua iluminado de celeste. Sólo de a ratos, el corazón de los Juegos Olímpicos de Beijing recupera su fisonomía de ayer; antes y después todo parece una mezcla entre ahorro de energía y anuncio de que esto se acabo, de que es hora de volver a casa y dejar a los chinos con sus glorias y sus miserias.

Desde la primera vez que me tocó cubrir una gran competencia (justamente el US Open que acaba de empezar, pero el de 1983) me da una angustiante sensación de circo que se va del pueblo lo rápido que se desmonta todo aquello relacionado con el espectáculo que nos deslumbró. Es que aún no terminamos de tomar el café y saborear la gloria de 16 días y ya nos están poniendo las sillas encima de la mesa.

Muchos de ustedes se preguntan que van a hacer ahora, sin anocheces, despertares y madrugadas olímpicas. Me pasa lo mismo. Aunque les agrego que el lunes después de la ceremonia de clausura, es decir hoy, es uno de los días mas feos que me tocan cada cuatro años.

Muchos, también, quieren saber aún más de los juegos. Eso sí está en mis manos. Aún nos quedan muchas historias por compartir.